En la mañana del 15 de agosto, Sevilla gana la
esencia que perdió en el tiempo estival para recibir a la vecina más antigua. No
cabe duda que los sevillanos practican este día una de las cosas que mejor saben
hacer, mostrar su devoción a María. Desde las abuelas, que le rezan cada día
desde la intimidad de la madera de un banco, hasta el nieto, que prematuramente
es consciente de que está en el centro de algo fascinante.
Es temprano. Como un sueño. Y el alrededor de la
Catedral está empapado de una alegría tímida. Con el primer rayo del sol de la
mañana, la Virgen de los Reyes aparece un año más por la Puerta de los Palos.
Nada más hace falta esa luz que ilumina Su rostro para que el alma de sus
devotos se ilumine. Ha salido la Patrona de Sevilla y la sonrisa de los
sevillanos quiere vencer a la de Ella en una transformación que sale desde
dentro, como la de la Giralda, que a su manera, hace repicar sus campanas para llenar
de júbilo la ciudad.
El sol se dispone a salir. La Virgen de los Reyes con
un manto rojo digno de la Reina de este mundo, va paseándose. Por su andar no
pasan los años, ni las miradas que le dirigen, todo es eterno, hasta la misma
ciudad que tiene su epicentro en el corazón de María. Se dispone a dar las tres
vueltas en cada esquina, es símbolo de Su dulzura, para que nadie escape de la
mirada de la Virgen en los cuatro puntos cardinales que la rodean.
Ha salido el sol. El niño Jesús pesa, se está
resbalando por la falda de su Madre. Las piernas de las devotas de la Virgen
van cayendo. La Virgen de los Reyes está de nuevo presidiendo su plaza. Antes
de entrar a la casa de todos los sevillanos, un redoble de tambores se escucha
a lo lejos. Es el ejército que camina rápidamente para rendirle honores,
demostrando que dedican su vida a la defensa de un país que no tiene sentido ni
base sin Ella. El sol va quemando la cara de Nuestra Señora. Es 15 de agosto.
Va a subir al cielo. Nuestra vista la va a perder. Pero Sevilla es consciente
de que está en el mismo cielo. Por eso, sabe que ella no nos va a dejar. Porque
durante todo el año vive en corazón de los sevillanos.
Autor: Jesús Pérez



